miércoles, 31 de agosto de 2011

La dialéctica de tu ombligo



Vos sólo miras tu ombligo, tu ombligo, tu ombligo. Te veo y veo tu cara en el espejo. Te veo y sólo veo tu ombligo, tu ombligo, tu ombligo. Costo tiempo y esfuerzo verte de lejos para verte disfrazado de vos mismo. Entender que era puro verso tanto esmero en la dialéctica para no decir nada trascendente. Para jugar con lo que casi nos dijimos, con lo que casi, pero nunca. Lo que casi fuimos. Pero no. Tu ombligo. Vos con vos y tus juegos como ruletas rusas a ver quién cae. A ver quién apuesta el corazón. Largas rondas de jugarse la vida sentimental sobre el tablero, de destriparse sobre la mesa, abrir el pecho, y después quedarse solo en medianoche a limpiar tamaño enchastre rojo. Admito, me gustan los que se muestran carismáticos, pero después es puro flash, luz de neón, brillo y vestuario extravagante. Es vos allá y yo acá y que parezcas lejos y entonces te envuelva un aire que parece distinto. Puro humo, truco, mago. Ingenuidad de verte cuál divinidad sobre la tierra. Reencarnación. Mistificación. Aura. Religiosidad. Tu foto como estampita. Amor como desearte/rezarte, sofocarnos con promesas. Amor en el altar, tan cerca del Señor. Divinidad, religiosidad, fanatismo, obsesión. Sí, amor.
Después ver puro egocentrismo. Una figura que emerge entre todas y quiere mostrarse todo el tiempo diferente y particular. Adoración. Tender hilos para atar gente. Discursos que te hablan en primera persona pero dirigidos al plural. Manipulación.
Cortar. No creo más en vos. Ni en vos ni en tu ombligo. Vos con todos tus vos, con todas tus mascaras y modos. Puro orgullo, verborragia de infante, capricho. Llanto, llanto, risa. No doy más vueltas en tu calesita emocional.



Creerte capaz de mucho más de lo que podías. Creerte mejor que yo. Y ahora verte tan tristemente normal, común, jugando a la casita, jugando a la familia feliz. El corazón te da para amar a muchas personas a la vez, pero la cabeza no. La cabeza. La sortija de mi calesita anímica me la quedo yo, no la rifo más.



No quiero volver a ser la que calle, la que otorgue. No quiero volver a ser la que asienta, la que haga una retirada de paz, la que no arma escándalo por prudencia y amabilidad. No quiero ser la que respete. No quiero volver a ser la que guarda los restos de aquel “nosotros”. Tiro todo por la borda, tiro todo, no quiero guardarte, no quiero llevarte. No quiero ser la que anda cargando cosas, gente, peso en mi espalda. No quiero ser la que mire de reojo, la que de vuelta la mirada, la que espere, la que llore por las noches. No quiero volver a ser la que llore por las noches por vos o por nadie. No quiero volver a ser la vulnerable en una relación binaria vos y yo. No quiero ser la que quiera más=sufra más. No quiero ser participe de ese cuentito sádico de “sufrir por amor”. No quiero volver a ser la débil, la que acepta, la que se aleja si se lo pedís pero vuelve apenas la llamas. No quiero volver a ser la coherente y medida, la que no dice más de lo que hay que decir, la que no levanta la voz. No quiero volver a ser la “mujer” en una relación de dos. No seré yo quién pase primero por la puerta, quién sonría delicadamente pero sin abrir mucho la boca, la sensata, serena, dulce fémina domesticada. No seré yo lo femenino al borde del ataque de histeria, no seré yo la que haga escenas de celos, reproches, telenovela mexicana.
No volveré a ser la muñeca pálida y muda de una vitrina. No estoy en oferta, ni venta, ni alquiler. No espero a nadie, nadie me espera y así estamos bien. No espero que me elijas, no soy ni la más linda, ni la más inteligente, ni interesante, no compito con nadie, esto no es un concurso reina de la primavera. No seré la que invierta tiempo en reinventarse digna de catalogo para que me compres y me lleves con vos. No quiero me lleves, quiero que me acompañes. No seré yo la que te siga como un perro, no soy perro, soy perra, ladro cuando me enojo y muerdo si planeas atacarme.

Huír hacia delante

Sigo creyendo que para construir OTRA COSA esa otra cosa tiene que tener OTRO NOMBRE. Sigo peleando con el lenguaje porque creo que en él hay también engaño desde que Saussure y tantos otros dijeron que el lenguaje no venía a nombrar las cosas ya existentes sino que había cosas que existían a partir de su nombre. Eso y el no menos importante hecho de que aprendemos a pensar a través del lenguaje, elaboramos nuestras ideas con las palabras que sabemos, no podemos pensar fuera de él. Una de dos: nos deprimimos o aceptamos nuestra propia limitación y entendemos que más de una vez podemos estar atrapados en nosotros mismos. Empezar entonces a desconfiar más. No creer tan rápido los discursos tan bien armados y lo lindo que suenan. No definirse con términos trillados que no dicen nada de nosotros, que no saben quienes somos. Si amor es lo que siente Andrea del Boca en la novela de la tarde lo que yo siento es otra cosa. Si hombre-mujer son tan herméticos y bien definidos yo no soy ni una ni la otra. Si los binomios excluyen más que lo que incluyen prefiero no responder ciertas preguntas. Dualidad, un grupo sobre otro, un sí o un no, una definición para ponerte un cartel en la frente, para que la gente se quede tranquila al verte, sepa lo que “sos” (o crea saberlo) porque les da miedo lo indefinido, lo andrógino, lo que puede serlo todo, ocupar cualquier rol. Capricho moderno querer entenderlo todo, definirte rápidamente, sacarte una especie de ficha médica, una historia clínica. Si me voy a morir no me interesa saber de que, mejor decime en cuanto así me apuro a aprovechar el tiempo. Capricho moderno-científico. Hagamos cuadro sinóptico de todo aunque sepamos que puede ser refutado en diez años. Generemos pánico con nuevos virus que están en prueba de laboratorio. Creer o reventar. A la gente le gusta creer porque es más cómodo, menos sufriente que la duda constante.


- ¿Dios existe?
- No sé, pero hay gente que cree en él.


Como la gripe A fue todo un éxito el año que viene se viene otro virus masivo, con sus campañas de vacunación, barbijos y alcoholes en gel.



Para bien o para mal, sea para sumar afectaciones interesantes o no, sigo creyendo en lo que creo y apostando a eso.
No quiero menos por eso. No quiero menos intensamente.