viernes, 25 de noviembre de 2011
Nos
Nos decimos cosas feas. Nos queremos. Pero nos decimos cosas feas. Nos herimos. Nos sacamos la mierda. Nos queremos. Nos herimos. Nos sacamos la mierda. Proyectamos nuestra mierda propia. Proyectamos. Nos queremos. Nos herimos. Proyectamos. Esperamos. Nos queremos. Nos decimos cosas feas. Nos sacamos la mierda. La mierda. Nos queremos. Queremos la mierda. Proyectamos cosas feas. Proyectamos. Nos queremos matar. Nos sacamos. Nos herimos. Nos queremos. Nos proyectamos. Nos decimos cosas feas. Nos queremos. Cosas feas. Esperamos. Proyectamos. Nos gritamos. Nos miramos con cara fea. Nos queremos. Nos sacamos la mierda. Nos miramos feo. Nos herimos con nuestras miradas. Nos herimos. Somos dos filos. Nos queremos. Puerco espines. Proyectamos. La distancia justa para no pincharnos. Puerco espines. Nos queremos. Proyectamos. Nos odiamos. Nos matamos. Nos herimos. Nos decimos cosas feas. Cosas feas. Proyectamos. Nos queremos. Nos herimos con nuestra mierda. Nos queremos.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Cruela de vil
Sí, soy fría, malvada y maquiavélica.
No me conmueven los enamorados obsesivos y sus manías.
“Sufrir por amor” no es ningún mérito. Nadie merece que sufras por él. Nadie merece que lo culpes por tus ganas de estar mal, que lo llenes de tu energía negativa, que encima pretendas reconocimiento y las “gracias” por “tanto amor”.
Más me quiere más que ahorca más me quiero escapar más fría me pongo. Estoy seca por dentro y por fuera, planeo irme sola a un parque grande tirarme en el pasto y descansar. Ver las hojas de los árboles, hablar yo y mi soledad.
No me conmueve. No, no.
Discursos sobre el “sentir”, sobre el “amar”. Cómo si yo no sintiera cosas, como si tuviera que entregarme a una pasión obsesiva y enferma.
No es grato ser el responsable del estado anímico de otro. Ni que otro sea el responsable de nuestro propio estado anímico. Quiero ser dueña de mi. No quiero echarte la culpa de mis desvelos.
Medir lo que se dice, lo que se hace, como se lo dice o hace, donde, con quién, porque hay un otro pendiente de nuestros pasos que amarrado a nuestros devenires sufrirá nuestras mutaciones en carne viva. Yo quiero correr, gritar, ciclotimizar cuantas veces quiera sin que afecte a nadie, sin hacer doler a nadie, poder ser sin hacer padecer. Sí, soy egoísta, soy egoísta por no pensar todo el tiempo en vos. Vos, vos, vos. Y que queda. Un reflejo vago de lo que era antes, una intuición de que había vida más allá de nosotros.
No me mientas ni me digas la verdad. Mejor no digas nada porque hablas y rompes el perfecto equilibrio del silencio.
La libertad duele cuando toca perder
Lo sé, la libertad deja de ser divertida
cuando te toca perder.
Y sin embargo volveré a caer
una y otra vez
la libertad es una droga rica.
Hay cosas que nunca se aprenden.
¿Dónde esta mi dignidad después de la primer botella de cerveza, cuando ronda la madrugada, todos se abrazan, se abalanzan, se contornean, las mujeres se cruzan de piernas, se suben más la pollera?
Ellas se agarran de las mechas en el baño y después salen al desfile de carne. Gana la de pollera más corta, más roja y tacos más altos. Yo me rindo antes de empezar, no estoy para esos trotes, no estoy de oferta, ni me exhibo para ser la reina de la primavera. Me retiro antes. Si vuelvo no es por vos, es porque quede manija de fernet, pero la barra cerro y me vuelvo a ir con mi impotencia de hembra idiota, con todo lo que aflora a las dos de la mañana cuando mi dignidad se fue en la última copa, en la última ronda.
Lo sé, la libertad duele cuando toca perder.
En realidad son puros celos, de los dos, yo también me iría con ella si pudiera, si tuviera el chamullo tuyo, la pasta para levantarme minitas. Quisiera ser hombre, pijudo y poeta. Levantarme rubias, morochas y coloradas. Comerles la boca y que se dejen y se mojen todas. Que me esperen en la puerta aunque haga frío, aunque llueva. Que dejen pasar los colectivos para esperarme un rato más, que esperen que me arrepienta y las vaya a buscar, que sueñen con eso. Que quieran enamorarme, que se arreglen el pelo, se maquillen para mi. Y yo mientras estoy en la mía, tomando otra línea en el baño, más fisura que nunca y ellas me quieren igual. Son todas putas. O son todas unas pobres románticas educadas por Andrea del Boca y aquellos buenos tiempos de novela.
Quiero esperarte solo para decirte adiós. Es que quiero el placer de rechazarte. Idiota educación del resentimiento. “Quiero ser yo la que te deje, la que te diga no, la que tenga la última palabra”.
Me siento tonta y débil. Y sin embargo lo intentaré hasta que aprenda. Hasta que reaccione bien, hasta que sepa dar la respuesta correcta.
(Al menos hoy tengo algo que escribir).
Deja vu. Ya viví esto, esperarte. No quiero esperar más y sin embargo me debilito a cierta hora. Tengo que desaprender esos vicios.
Histeriquear es un deporte que no saca músculos.
Este texto se llama:
Vos debes estar cogiendote a la morocha y yo haciendo filosofía barata.
o
Vos la debes estar poniendo y yo acá intentando escribir algo coherente.
Quiero hacerme a un costado del juego estúpido y sin embargo. Estoy tan bien educada en esto.
Simplemente hazte a un costado en la fiesta de disfraces o serás siempre un arlequín.
Mientras ellos garchan yo intento escribir un buen texto.
Plaf plaf plaf plaf plaf.
Él le acaba en la cara y ella se asquea un poco y se pregunta porque accedió tan rápido a acompañarlo.
Y yo me pregunto que hago acá imaginándolos.
¿Le dirá lo mismo que a mi después?
¿Le dirá que fue “una de sus mejores revolcadas”?
La angustia y el morbo actúan al mismo tiempo.
El morbo gana.
Piso mi orgullo con el taco aguja de mis botas nuevas.
Voy a rebajarme a decirle que es un idiota pero igual sigo caliente con él.
No, voy a decirle que no me gusta, que le doy bola porque es interesante.
No.
¿Qué será peor?
Voy a decirle que por mi puede morirme mañana pero que antes de hacerlo me llene de leche.
NO.
Voy a decirle que vaya y se garche un bollo de pizza porque a mi no me ve más, y el libro de Marosa me lo paso sabes por donde.
Bueno tampoco. Lo voy a cuidar por amor a la literatura pero minga que te lo devuelvo.
Salvo que te disculpes y que te crea.
Salvo que me la re pongas y me guste, y me retuerza y te arañe la espalda y me mientas y te crea y me vuelva a poner débil y tonta.
No.
Mejor evito contacto para que no uses tus poderes.
No.
Mejor voy yo todopoderosa a mostrarte que no me afectas.
Me fui y pensé “última vez”.
Siempre es la última vez, siempre es la última vez.
Encima no sé conecta.
SE LA ESTA COGIENDO.
¿Se conectará cuando termine?
Lo voy a esperar a ver como le fue.
Morbo morbo morbo.
No quiero más canciones tontas que me ablanden el corazón.
(Demoler demoler la estación de tren ta ta ta ta ta ta ta taa)
lunes, 24 de octubre de 2011
Con A de Amor y de Amistad
Es tan efímera la felicidad del amor. Una montaña rusa. Estar arriba, el éxtasis, la adrenalina, sentirse cerca del cielo y pronto caer, descender violentamente, con un nudo en el estómago, con el pecho que casi sale por la boca.
No es que no crea en el amor. Sí, el amor existe. Y es como poner el corazón en la licuadora.
¿Cómo te quiero sin querer matarte? ¿Sin querer atarte a la silla antes de que te vuelvas a ir?
No, no siento orgullo de estos deseos que son garras en la garganta, que me ahorcan por dentro y no desean tu deseo sino tu posesión.
O será que elijo objetos de deseo inalcanzables y repito una y otra vez el infantil amor idealizado de quererte de lejos. ¿Pero no dicen los románticos que no sé elije el amor, no dicen que es un rayo que en un momento incierto que te atraviesa?
No siento orgullo de este estado cuál gripal, que me tiene como tonta, como lenta, estancada, creyendo que “esperarte” es hacer algo, siguiéndote los pasos, comiéndome la cabeza de a trocitos, comiéndome las uñas.
El amor nunca se conforma. Proyectar y proyectar. Nada alcanza. Si ayer me dijiste te quiero fue el días más feliz, pero hoy lo necesito de nuevo, nunca alcanza lo que hagas, siempre querer más, más de vos. Proyectarme en vos. Que mi felicidad dependa de lo que hagas. Darte el poder de hacerme feliz o de tirarme del abismo. Estoy en el borde y voy a saltar, voy a saltar otra vez, voy a romperme en pedazos.
Si el amor es una enfermedad habrá que buscar su remedio. La amistad es buen remedio. Vengo de estar con una gran amiga y estoy ya menos melodramática y veo más claro.
Tonto capricho de enamorado poner todo el tiempo al amor como prioridad. Mala costumbre de darle a el otro la responsabilidad de nuestro estado anímico, nadie puede ni tiene porque asumir tal responsabilidad.
Vuelvo a pensar en que sería bueno aplicar los modos de la amistad. Amistades intensas, amistades íntimas, amistades diversas, únicas cada una. Mis amigos me quieren y me quieren bien, no nos celamos obsesivamente, no nos queremos egoístamente, no nos queremos poseer, y sin embargo podemos sernos increíblemente fieles, seguridad de que estarán cuando los necesite, la certeza de que correré a ellos si me necesitan. Sacar el melodrama del amor romántico y adoptar la sinceridad de la amistad. Las amistades son múltiples y mis amigos no se angustian ante la llegada de nuevos amigos. Y no es porque me quieran menos. Es que están liberados de las ataduras de amor.
Lo dijo el bigotudo ya y hoy en el viaje de vuelta volví a entenderlo, a verlo claramente, a entender que una amistad sincera era la forma menos daniña -para ambos- de quererte.
<< Aparece a veces sobre la tierra una especie de continuación del amor en que aquel ávido deseo que experimentan dos personas, una hacia otra, deja lugar a un nuevo deseo, a una ansia nueva, a una sed común, superior, de un ideal colocado por encima de ellos; mas, ¿quién conoce ese amor?, ¿quién le ha sentido? Su verdadero nombre es amistad.
Friedrich Nietzsche – La Gaya Ciencia. >>
Friedrich Nietzsche – La Gaya Ciencia. >>
Entiendo también (entendí en estos últimos tiempos) que las cosas que uno quiere construir no se pueden construir con todo el mundo. Hay que hablar con gente que hable el mismo idioma. Hay gente que entiende mal. Que no ve punto medio entre un novio y un chongo. Que cree que “amor libre” es vivir de joda, no involucrarse sentimentalmente con nadie. Una amistad con intimidad de por medio no puede darse con cualquiera, se necesita de la conciencia de ambos en este tipo de relación. Admito, ya me he chocado varias veces con estas paredes, me he desilusionado de la gente y sus conclusiones rápidas, la poca profundidad de todo. Algún amigo me discute que quiera extender el concepto de amistad, que le de tanto valor. Me dice que “en cierto momento se alcanza un nivel mayor a la amistad”. Le contesto que subestima mis amistades. Que el amor no tiene porque ser más valioso que una gran amistad. El amor/enamoramiento tiene fecha de vencimiento, la pareja tiene fecha de vencimiento. Mis amistades no.
El enamorarse como hecho no existe. Me enamoro cuando me admito enamorada. Si no lo admito NO estoy enamorada. Nadie me podría contradecir. No hay análisis médico que me diagnostique enamorada, son sensaciones que uno se deja sentir, que uno incentiva. De cariño a enamoramiento algo en el medio hay que suele ser difuso. Pensarte un día, dos, tres, y el cuarto pensarte aunque no quiera, que te me entrecruces en todos los pensamientos. Y con todo el bagaje romántico que hemos incorporado pronto comenzamos las proyecciones y las expectativas. Tontas canciones vienen a mi. Películas cursis me hacen llorar. Y entonces me diagnostico enferma, admito mi debilidad: pienso en vos aunque no quiera, aunque a esta altura me haga mal, aunque se me parta el pecho al medio, pienso en vos en situaciones fantasiosas donde ya no sos vos sino un personaje que invento. Ahí comienzo a agrandar a la víctima de mi fiebre hormonal, a idealizarlo, a pretender cosas, a esperar cosas. Podría ser cualquiera aunque uno afirme que no podría sentir lo mismo “por nadie más en el mundo”. Una sentencia de loco. Un loco ahogado en su locura. Un loco ciclotímico, porque admitámoslo, el amor tiene sus momentos felices cuando alguna de nuestras expectativas se cumplen, pero siempre renovamos las expectativas y alguna sale mal, entonces pronto pasamos a la locura triste, al loco depresivo. La montaña rusa de la locura del amor.
Me contradecirán los enamorados que han encontrado una locura recíproca. Parece pesimista y fría frente a ellos. Quizás me equivoque. Quizás es que el amor y yo nunca nos entendimos. Que nunca supe del todo que era eso de “recíproco”. Que siempre me pareció tan lejana la pretensión de que dos personas se aman de igual manera en tiempo y forma. Me parece que siempre trae problemas tal idealización. Porque suele pasar que uno ama más que el otro, porque las intensidades varían, los grados de enamoramiento. Porque son personas diferentes con necesidades diferentes. Porque no siempre amamos a una sola persona, porque en general esto nadie lo entiende. Porque un clavo no saca otro clavo, y los amantes que nos movieron el piso ayer nos siguen moviendo el piso hoy. Encuentro muchas cosas para pensar que ellos tampoco son tan felices siempre, que tienen sus inseguridades, sus celos enfermizos, sus ataduras. Y aunque sean unos locos felices me resulta extraña tal felicidad en la locura. Una burbuja de a dos, un desinterés en el resto del mundo. La certeza de haber encontrado a LA persona indicada, suena linda pero contraproducente al mismo tiempo. Ya nadie allá afuera puede ser tan interesante, a nadie le daré la oportunidad de partirme la cabeza en dos. El amor adopta extraños comportamientos patológicos.
lunes, 3 de octubre de 2011
La patología del amor.
El enamoramiento es una patología.
El enamorado es un psicópata. Un psicópata obsesionado con su enamoradx, a quién persigue, acosa, espía, reclama, acapara, quiere hacer posesión de él.
El amor es una patología demasiado bien vista.
Nadie niega que no haya locos felices con su locura. Pero hay también locos que sufren no poder controlar lo que piensan, que saben de su locura pero no la manejan, se les va de las manos, la angustia de no poder dominar la propia mente. Dice el enamorado NO PUEDO dejar de pensar en vos.
No sé a esta altura si estaré delirando o si estaré demasiado despierta.
Escribo estas cosas horribles que pienso, y pienso en los que creen que me aman y sufrirían al leerme. Pero me aman mal.
Yo amo al que me ama pero también amo a mi amigo, a mi amiga, a mi libros, a Simone, al café con facturas de la mañana. Y los que me aman mal no entienden y sufren, sufren por la no hegemonía de mi amor.
No idolatraré ese sentimiento de no dominio de uno mismo, de proyección de mi YO en un OTRO. No seré cómplice de las campañas de San Valentín. No seré yo quién se sienta orgullosa de sufrir por amor como muestra de mi buen ser que ama, que cree saber amar. Más bien me reconoceré débil e insensata de llorar por amarte y no tenerte, de saber que sos feliz (pero no conmigo) y sufrir en vez de alegrarme por tu bienestar (ya que digo quererte tanto). Me reconoceré egoísta y engendrando lo negativo en mi cuando eso pase, cuando maldiga a tu amada, cuando la considere mi enemiga, mi competencia. Me reconoceré infantil en esas muestras de falso amor y procuraré crecer, entender. Y cuando el entendimiento me lleve a una instancia de cariño menos sufriente y posesiva daré cuenta del delirio del amor, dejaré constancia de los caminos de la locura.
jueves, 15 de septiembre de 2011
Lo femenino del amor
Amor romántico.
Mujer asociada con el amor.
Ideal y construcción de que la mujer se enamora más (con mayor intensidad, mayor obsesión, mayor romanticismo).
Construcción de que la mujer sufre más por amor.
Viene de que la mujer fuera más dependiente del hombre, que el hombre de la mujer en otras generaciones. Mujer que necesita buscar un “marido”. Como consecuencia que para la mujer sea más grave quedar soltera que para el hombre, presión social y familiar.
Cuentos infantiles. Donde nos empiezan a decir que esperemos el “príncipe azul”.
Construcción de nuestro pensamiento monógamo y heterosexual.
Construcción del ideal de la “media naranja”, las “almas gemelas”, alguien que me complemente, me complete (como si yo estuviera incompleta, como si yo sola fuera una parte de otra cosa).
La idea de que hay una sola persona ideal para mi. Una persona que complete/complemente todos mis anhelos y deseos. Una única persona que si la encuentro y pierdo no voy a encontrar otra. Una única persona que si no está, tengo que buscarla o esperarla, porque “ya va a llegar esa persona para mi”, como si existiera alguien ideal, y no fuera una construcción que hago al proyectar toda esa expectativa en un otro.
Las consecuencias: Relaciones frustrantes al chocar mi ideal con la realidad. Relaciones obsesivas. Inseguridad. Miedo a la soledad en vez de ser un estado de disfrute y de encuentro con una misma.
Todo ese bagaje de construcciones románticas que hemos aprendido se proyectan a un otro elegido y genera una expectativa nociva y sufriente para ambos. Amor obsesivo al poner todas las expectativas en otro que no puede responder de igual manera, que no tiene porque hacerse cargo de todo lo que traemos, proyectamos en él. Idealización. Amor que agranda, enaltece al otro sujeto, dejando de ver a la otra persona tal como es, sino que proyectamos todos nuestros deseos de cómo tendría que ser. Frustración al chocar nuestra imagen mental con la realidad. Reproche: “tendrías que haber sido más tierno, más comprensivo, tendrías que ser….”. Amor: proyectarse uno mismo en otro. Narcisismo.
Amor romántico transmitido a través de la literatura, la música, el cine. Películas de amor que nos hagan sentir solos, que nos hagan esperar una historia “de película”, que nos haga creer que nos falta algo si no nos pasa, si no lo encontramos. Canciones que nos enseñan la dependencia. “No puedo vivir sin tu amor” y demás frases trilladas, de mal gusto, enseñadas como lo “romántico y tierno”, lo que esta bien decir cuando uno esta enamorado. Estado de enamoramiento como obsesivo e infantil. “Sufrir por amor” como una virtud del valiente enamorado. Culto a la culpa, el sufrimiento, los celos. “Te celo porque te amo”.
Presión social. Actividades hechas para dos. Gente que te mira raro si andas solx por ahí, si vas solx al cine, si entras solx a un bar. Tenés que buscar un novio ¡pero no dos! Porque sino ya pasas de solterona a puta, así de rápido y sin punto intermedio. Imposición de cuales son las formas correctas de amor, de pareja. Construcción de los modelos de las relaciones.
¿De donde viene ese amor? “Que sale de mi pecho, que no puedo contener cuento te veo”. Ese amor que es mío, porque lo proyecto en vos, pero sale de mi, porque lo inventé yo, porque me levanté un día y pensé en vos, y al siguiente y al siguiente, y ahora te hecho la culpa de esta obsesión que no me deja dormir ni tampoco despertarme.
El poder no es algo que nos oprime, que simplemente esta sobre nosotros. El poder nos construye, nos forma como sujetos. Devenimos sujetos a partir del sometimiento. (a partir de Butler, Mecanismos psíquicos del poder).
Siguiendo a Butler, las cosas que son construcciones en nosotros no son simplemente cosas que incorporamos y que si nos “sacamos” queda un nosotros libre de cosas impuestas. Un Yo cuál si fuera esencia, un yo antes de la construcción que vino de afuera. Sino que ese Yo se fue formando con todas esas cosas que aprendimos. Construimos nuestro deseo. Y cuando digo “nuestro” no es de ese Yo Esencia, sino ese Yo resultado de una construcción, de un poder que se ejerció sobre nosotros y nos formo. ¿Entonces como deconstruir lo que hicieron de nosotros? Volverse contra uno mismo, volverse contra el deseo. Deseo producto del poder. Replantearse el deseo. ¿Por qué deseo el deseo del estado? ¿Por qué deseo mi propio sometimiento? ¿Por qué compro los modelos ajenos en vez de construir mi propia forma de relacionarme? ¿Por qué insisto en modelos/formas que me hacen sufrir una y otra vez?
No, no me conmueven las canciones de amor. Me dan miedo. Me da miedo tal dependencia. No me parece en lo absoluto saludable ese amor que promueve la locura, el suicidio si me dejan, tener que sentirme completa si Vos me queres, si Vos me amas como yo te amo. Vos con mayúsculas porque es un Vos enaltecido e idealizado, un Vos que se alza sobre todos los otros que se ven pequeños al lado tuyo, a los que no les doy la oportunidad de ser igual de importantes, a los que subestimo por puro capricho de enamoradx.
Algún día verás lo que ha sido vivir, amándote, amándote, amándote…
Y fue así que me dijo, no te enamores de nadie, no te enamores de nadie mi vida mi amor….
lunes, 12 de septiembre de 2011
Judith Butler: Mecanismos psíquicos del poder.
(primerísima parte)
Sometimiento como constitución de los sujetos. Foucault.
Sentimiento de culpa. Autoconciencia. Profundo control interno que se ha denominado interpelación. Francis Barker.
Foucault: El poder forma al sujeto, le proporciona la misma condición de su existencia y al trayectoria de su deseo.
Dependemos del poder para nuestra existencia como sujetos.
El sometimiento consiste precisamente en esta dependencia fundamental ante un discurso que no hemos elegido pero que, paradójicamente, incita y sustenta nuestra potencia.
Sujeción:
- proceso de devenir subordinado al poder
- proceso de devenir sujeto
Althusser: Interpelación.
Foucault: Productividad discursiva.
Devenir sujeto mediante una sumisión primaria al poder.
El poder asume una forma psíquica que constituye la identidad del sujeto.
“Vuelta” del sujeto sobre sí mismo o contra sí mismo.
“Vuelta”: “Tropos”.
Subordinación fundacional.
Althusser
(“Ideología y aparatos ideológicos del estado”).
La subordinación del sujeto se produce mediante el lenguaje, como efecto de la voz autoritaria que interpela al individuo.
La interpelación tiene lugar en el intercambio por el cuál el reconocimiento es ofrecido y aceptado.
Ejemplo del policía.
¿Por qué el individuo se da vuelta?
La interpelación del sujeto presupone no sólo que ya se ha producido la inculcación de la conciencia, sino que ésta constituye una operación específicamente psíquica y social del poder que permite la interpelación.
Conciencia: Funcionamiento psíquico de la forma reguladora.
El poder construye una conciencia que reproduzca la forma reguladora.
En la descripción de Althusser:
Poder preformativo de la voz autoritaria.
(Lenguaje entendido como habla).
Euforia de género
Quisiera tener la pija grande, las manos fuertes, el pecho duro, la espalda ancha, las piernas rápidas, el puño certero en la cara del forro hijo de re mil puta que le deja la cara rota a la mujer que ahora llora en mi hombro.
Llora y me pide por favor que la ayude, que no la deje a solas con él. Me dice que es su marido, que son de Perú pero que acá viven en Pilar. Dice que quiere a su hijo, lo repite y llora, lo repite y llora. Dice que el hijo quedo en Perú con la mamá de ella. Le pide a dios “ay diosito mío, ay por favor, ay diosito mío”. Le acaricio la espalda, no sé que decirle. Le doy la mano y no me la suelta, me dice “si me dejan con él me va a pegar, siempre me pega”.
El policía le pregunta que quiere hacer. Ella no quiere hacer la denuncia.
Él se hace el idiota, “no sé que le pasa, nunca la vi así”. Ella dice “siempre me pega pero es la primera vez que me pega en público”. Le pegó en el colectivo. Nosotros la vimos bajarse y a él bajarse después y correrla. Por eso nos acercamos. Ella estaba tirada en el suelo llorando y pidiendo ayuda. “Me esta pegando, me esta pegando”. La abrace y no dejamos que se le acercara. Le hablamos a un policía que encontramos a la vuelta. Fue la primera vez que sentí simpatía por un hombre de traje azul armado, que en vez de ese odio por lo militarizado me alegre de que el gordito con gorra nos escuchara pacientemente, LA escuchara pacientemente mientras, llorando, intentaba explicar. El otro hijo de puta cara de idiota. Además de espantosamente feo. Me pregunto como se llega a estar con un tipo así. Como se llega y como se sigue, como se tiene un hijo y como se sigue estando, como no agarrar al hijo e irse lejos. Como llegar a tener un nene con la cara parecida a ese hijo de puta que te caga a palos, como no detenerlo antes de que nazca el fruto de una relación insana. Vuelve todo a mi, la violencia de género, los roles, el papel de las mujeres, la construcción de la mujer débil, el segundo sexo, el aborto, las relaciones familiares, el matrimonio, la bronca y la certeza de porque estoy donde estoy y porque pienso lo que pienso.
Una impotencia tan grande. Si fuera grande y fuerte lo re cagaría a trompadas. Me pondría la capa y cuál superhéroe saldría a defender mujeres indefensas. De esas que lloran con tantas ganas que me queda un rato largo la sensación en el cuerpo de ese llanto de encierro e impotencia. Atada a una situación desesperante. Encerrada en ese cuerpo pequeño que no sabe defenderse. Bellas mujeres de largo pelo del que se puede tironear, del que se puede levantar a una mujer del piso, del que se puede arrastrar. Hermosas mujeres con tacos altos que hacen tan torpe el caminar, tan difícil un posible escape, correr por una vereda a las cinco de la mañana. Se caen solas con esos tacos, se caen tratando de cruzar la esquina. Bonitas mujeres con toda esa parafernalia que las hace tan vulnerables, frágiles. La ropa incomoda, todos los adornos de los que se puede tironear. Una mujer ahorcada con su propio collar. Un aro con el que se puede cortar un tramo de piel. Un prendedor filoso. Un vestido lo suficientemente ajustado para correr mal, una pollera con la que no se pueda pegar una buena patada.
Impotencia. Entiendo a todas juntas las feminitas, anarquistas. Entiendo a todas juntas las que se ponen corbata, las que practican deportes de hombres, las que no se quieren maquillar, las que van a la cancha los domingos y se suben al alambrado, las que saben pegar una trompada en el momento justo.
Impotencia y angustia. Hace un rato tenía sueño pero ahora son las seis de la mañana y no puedo dormir, escribo un poco, me desahogo. Pongo mi violencia en palabras porque no puedo expresarla corporalmente. Siento una incomodidad en el cuerpo, necesitad de sacar afuera la bronca. Imagino que algo así será la adrenalina que sienten los chabones cuando se agarran a trompadas. Una rabia que rápidamente traspasan al puño. Un odio que descargar en la cara del otro. Imagino que después se van a dormir cansados y tranquilos. Quizás con la cara morada pero recordando que el otro quedo peor, sabiendo que “arreglaron las cuentas”. No puedo dormir. Tengo la rabia en mi cuerpo. En mi pequeño cuerpo liviano. Es como una mala energía que se acumula, nódulos en diferentes partes en tensión, los hombros, el cuello, los codos, las manos, las rodillas, los pies. Me estorba el reloj, los aros, la ropa (el corpiño ya me lo saqué antes de sentarme a escribir). Me estorba el tampón que tengo puesto. Todavía nadie me pego y yo ya me desangro naturalmente, me sonrío irónicamente burlándome de mi y de mi frágil estado.
Ganar esa actitud de presa, con marcas en la piel, con la mirada profunda e intimidante. Mirar de frente, no agachar la cabeza, no dar media vuelta. Poder ser la que tiene la última palabra, la que levanta la voz, la que arroja un plato por los aires.
La loca. La loquita. La marimacho. La raulito. La petisa de mierda. La machona del curso. La varoncito de pelo corto. La andrógina. La torta. La tortita. La tortillera. La de ropa de deportiva, la de pantalones anchos, la del conjunto de Atlanta. La forra esa que me robo la novia, la que no se calla, la que no se intimida, la que me hace sangrar la nariz si le levanto la mano, las que se les fue la mano y los mandaron para el otro lado a esos que les cagaron la vida.
miércoles, 31 de agosto de 2011
La dialéctica de tu ombligo
Vos sólo miras tu ombligo, tu ombligo, tu ombligo. Te veo y veo tu cara en el espejo. Te veo y sólo veo tu ombligo, tu ombligo, tu ombligo. Costo tiempo y esfuerzo verte de lejos para verte disfrazado de vos mismo. Entender que era puro verso tanto esmero en la dialéctica para no decir nada trascendente. Para jugar con lo que casi nos dijimos, con lo que casi, pero nunca. Lo que casi fuimos. Pero no. Tu ombligo. Vos con vos y tus juegos como ruletas rusas a ver quién cae. A ver quién apuesta el corazón. Largas rondas de jugarse la vida sentimental sobre el tablero, de destriparse sobre la mesa, abrir el pecho, y después quedarse solo en medianoche a limpiar tamaño enchastre rojo. Admito, me gustan los que se muestran carismáticos, pero después es puro flash, luz de neón, brillo y vestuario extravagante. Es vos allá y yo acá y que parezcas lejos y entonces te envuelva un aire que parece distinto. Puro humo, truco, mago. Ingenuidad de verte cuál divinidad sobre la tierra. Reencarnación. Mistificación. Aura. Religiosidad. Tu foto como estampita. Amor como desearte/rezarte, sofocarnos con promesas. Amor en el altar, tan cerca del Señor. Divinidad, religiosidad, fanatismo, obsesión. Sí, amor.
Después ver puro egocentrismo. Una figura que emerge entre todas y quiere mostrarse todo el tiempo diferente y particular. Adoración. Tender hilos para atar gente. Discursos que te hablan en primera persona pero dirigidos al plural. Manipulación.
Cortar. No creo más en vos. Ni en vos ni en tu ombligo. Vos con todos tus vos, con todas tus mascaras y modos. Puro orgullo, verborragia de infante, capricho. Llanto, llanto, risa. No doy más vueltas en tu calesita emocional.
Creerte capaz de mucho más de lo que podías. Creerte mejor que yo. Y ahora verte tan tristemente normal, común, jugando a la casita, jugando a la familia feliz. El corazón te da para amar a muchas personas a la vez, pero la cabeza no. La cabeza. La sortija de mi calesita anímica me la quedo yo, no la rifo más.
No quiero volver a ser la que calle, la que otorgue. No quiero volver a ser la que asienta, la que haga una retirada de paz, la que no arma escándalo por prudencia y amabilidad. No quiero ser la que respete. No quiero volver a ser la que guarda los restos de aquel “nosotros”. Tiro todo por la borda, tiro todo, no quiero guardarte, no quiero llevarte. No quiero ser la que anda cargando cosas, gente, peso en mi espalda. No quiero ser la que mire de reojo, la que de vuelta la mirada, la que espere, la que llore por las noches. No quiero volver a ser la que llore por las noches por vos o por nadie. No quiero volver a ser la vulnerable en una relación binaria vos y yo. No quiero ser la que quiera más=sufra más. No quiero ser participe de ese cuentito sádico de “sufrir por amor”. No quiero volver a ser la débil, la que acepta, la que se aleja si se lo pedís pero vuelve apenas la llamas. No quiero volver a ser la coherente y medida, la que no dice más de lo que hay que decir, la que no levanta la voz. No quiero volver a ser la “mujer” en una relación de dos. No seré yo quién pase primero por la puerta, quién sonría delicadamente pero sin abrir mucho la boca, la sensata, serena, dulce fémina domesticada. No seré yo lo femenino al borde del ataque de histeria, no seré yo la que haga escenas de celos, reproches, telenovela mexicana.
No volveré a ser la muñeca pálida y muda de una vitrina. No estoy en oferta, ni venta, ni alquiler. No espero a nadie, nadie me espera y así estamos bien. No espero que me elijas, no soy ni la más linda, ni la más inteligente, ni interesante, no compito con nadie, esto no es un concurso reina de la primavera. No seré la que invierta tiempo en reinventarse digna de catalogo para que me compres y me lleves con vos. No quiero me lleves, quiero que me acompañes. No seré yo la que te siga como un perro, no soy perro, soy perra, ladro cuando me enojo y muerdo si planeas atacarme.
Huír hacia delante
Sigo creyendo que para construir OTRA COSA esa otra cosa tiene que tener OTRO NOMBRE. Sigo peleando con el lenguaje porque creo que en él hay también engaño desde que Saussure y tantos otros dijeron que el lenguaje no venía a nombrar las cosas ya existentes sino que había cosas que existían a partir de su nombre. Eso y el no menos importante hecho de que aprendemos a pensar a través del lenguaje, elaboramos nuestras ideas con las palabras que sabemos, no podemos pensar fuera de él. Una de dos: nos deprimimos o aceptamos nuestra propia limitación y entendemos que más de una vez podemos estar atrapados en nosotros mismos. Empezar entonces a desconfiar más. No creer tan rápido los discursos tan bien armados y lo lindo que suenan. No definirse con términos trillados que no dicen nada de nosotros, que no saben quienes somos. Si amor es lo que siente Andrea del Boca en la novela de la tarde lo que yo siento es otra cosa. Si hombre-mujer son tan herméticos y bien definidos yo no soy ni una ni la otra. Si los binomios excluyen más que lo que incluyen prefiero no responder ciertas preguntas. Dualidad, un grupo sobre otro, un sí o un no, una definición para ponerte un cartel en la frente, para que la gente se quede tranquila al verte, sepa lo que “sos” (o crea saberlo) porque les da miedo lo indefinido, lo andrógino, lo que puede serlo todo, ocupar cualquier rol. Capricho moderno querer entenderlo todo, definirte rápidamente, sacarte una especie de ficha médica, una historia clínica. Si me voy a morir no me interesa saber de que, mejor decime en cuanto así me apuro a aprovechar el tiempo. Capricho moderno-científico. Hagamos cuadro sinóptico de todo aunque sepamos que puede ser refutado en diez años. Generemos pánico con nuevos virus que están en prueba de laboratorio. Creer o reventar. A la gente le gusta creer porque es más cómodo, menos sufriente que la duda constante.
- ¿Dios existe?
- No sé, pero hay gente que cree en él.
Como la gripe A fue todo un éxito el año que viene se viene otro virus masivo, con sus campañas de vacunación, barbijos y alcoholes en gel.
Para bien o para mal, sea para sumar afectaciones interesantes o no, sigo creyendo en lo que creo y apostando a eso.
No quiero menos por eso. No quiero menos intensamente.
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