El enamoramiento es una patología.
El enamorado es un psicópata. Un psicópata obsesionado con su enamoradx, a quién persigue, acosa, espía, reclama, acapara, quiere hacer posesión de él.
El amor es una patología demasiado bien vista.
Nadie niega que no haya locos felices con su locura. Pero hay también locos que sufren no poder controlar lo que piensan, que saben de su locura pero no la manejan, se les va de las manos, la angustia de no poder dominar la propia mente. Dice el enamorado NO PUEDO dejar de pensar en vos.
No sé a esta altura si estaré delirando o si estaré demasiado despierta.
Escribo estas cosas horribles que pienso, y pienso en los que creen que me aman y sufrirían al leerme. Pero me aman mal.
Yo amo al que me ama pero también amo a mi amigo, a mi amiga, a mi libros, a Simone, al café con facturas de la mañana. Y los que me aman mal no entienden y sufren, sufren por la no hegemonía de mi amor.
No idolatraré ese sentimiento de no dominio de uno mismo, de proyección de mi YO en un OTRO. No seré cómplice de las campañas de San Valentín. No seré yo quién se sienta orgullosa de sufrir por amor como muestra de mi buen ser que ama, que cree saber amar. Más bien me reconoceré débil e insensata de llorar por amarte y no tenerte, de saber que sos feliz (pero no conmigo) y sufrir en vez de alegrarme por tu bienestar (ya que digo quererte tanto). Me reconoceré egoísta y engendrando lo negativo en mi cuando eso pase, cuando maldiga a tu amada, cuando la considere mi enemiga, mi competencia. Me reconoceré infantil en esas muestras de falso amor y procuraré crecer, entender. Y cuando el entendimiento me lleve a una instancia de cariño menos sufriente y posesiva daré cuenta del delirio del amor, dejaré constancia de los caminos de la locura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario